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Aunque en México sí hay leyes en materia de reciclaje de equipo de cómputo y electrónicos, aún no existe la normatividad (aplicación de normas sociales) que ayuden a hacer del tema un negocio redituable y seguro. “Hace falta mucha infraestructura y tecnología propia, hecha en México, que nos ayude a tener programas funcionales para la recolección de los equipos, su tratado, su valoración y claro, su reciclaje”, explica Mauricio Llamas, del Enviroment Law México. Fue el 6 de junio del 2004, cuando en la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos, se contempló quizás por primera vez el tema de los residuos electrónicos y de cómputo. Para el 2006, salió un Reglamento para dicha Ley, que especifica y clasifica los residuos de tecnológicos, y desde entonces, han surgido 18 reglas más en la materia, sin embargo, aún no se ha logrado que sus beneficios sean tangibles a la sociedad. “Ha habido muchas dificultades pese al interés y la buena voluntad de todas las partes, como la Semarnat, la Canieti, el IPN e infinidad de empresas de tecnología, que han hecho por su cuenta, sus propios esfuerzos, como Telcel, HP, Dell o Apple”, agrega Llamas. Las barreras ¿Qué ha detenido al país para avanzar en este tema? La primera barrera, y quizás la más importante, es que no ha logrado cuantificarse en México cuántos desechos electrónicos genera un mexicano promedio. Esto se debe, en buena medida, a que no hay cultura de “desecharlos”: quien compra una computadora nueva, por ejemplo, hereda la vieja a un amigo o pariente; quien cambia de celular de forma constante, guarda los cargadores “por si se ofrecen” algún día. La segunda razón, es porque la penetración tecnológica en México aún es baja: no hay más de 8 millones de hogares con computadoras, por ejemplo. “Al país le resultan más imperantes los temas de tratado de PET, papel, aguas negras y otros contaminantes, que éstos”, agrega Llamas. Por lo pronto, el IPN ya ha propuesto cinco equipos a los que considera, tras hacer un análisis, como “peligrosos” para el medio ambiente y “atractivos” para reaprovecharse, por su ciclo de renovación alto: refrigeradores, computadoras de escritorio, computadoras portátiles, celulares y teléfonos fijos. En forma paralela, Canieti propuso un programa nacional que abarca toda la logística: desde cómo recopilar los equipos obsoletos, cómo trasladarlos a plantas, qué y cómo reciclar y después, cómo aprovechar los productos que salgan de éstos. Dicho programa ya pasó a manos de la Semanart, para su evaluación y su posible tratamiento en las Cámaras de Diputados y Senadores. Según Llamas, podríamos pensar que vamos en el 80% del proceso. Lo que seguirá a esto, será fijar un presupuesto que permita echar a andar todo el proyecto. Un año antes, se había manejado la cifra de 7 millones de pesos pero se rechazó la idea, tras considerar que no lograría ajustarse a la realidad del país (aún hay que crear más empresas que sepan reciclar los equipos). Aún con todo, ya hay frutos. El caso emblemático es el del proyecto EWR-Remsa, firma mexicana que se encarga de reciclar equipos de cómputo, y de toda su logística. Sólo es cuestión que quien desee donar algún equipo obsoleto, busque en su municipio algún “punto” verde, en donde podrá dejarlo y en dónde le dirán como monitorear el estatus de lo que se hará con cada una de las partes que se aprovecharán del equipo reciclado. Por supuesto, no hay que olvidar los esfuerzos de firmas como HP México o Lexmark, que desde antes del 2004 se han dado a la tarea de recopilar cartuchos de tinta usados, de sus clientes empresariales en el país, los cuales son reciclados directamente en Estados Unidos. “Aún hay muchos mitos respecto al tema que deben aclararse. Falta cultura en los ciudadanos, pero ahí la llevamos. Ya no estamos tan lejos de lograrlo”, concluye Llamas. |
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