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Paredes
se defiende y desata agrio debate en San Lázaro
Insultos priístas a Nava; piñata de Pinocho recorre las curules
Usted le dio la espalda a la población, reprochan PAN, PRD y PT
La Jornada
Beatriz Paredes Rangel utilizó la tribuna de la Cámara de Diputados para
defenderse de las acusaciones de ser la responsable de romper el pacto
que tenía con César Nava, de incrementar impuestos para evitar la alianza
electoral de la derecha y la izquierda en el estado de México. El suyo
fue un intento fallido: durante tres horas, diputados de PAN, PRD y PT la
acusaron de haberle dado la espalda a la mayoría de la población.
Desde septiembre, en que se inició la 61 Legislatura, la presidenta
nacional del PRI no había solicitado el uso de la tribuna. Ayer lo hizo
para reivindicarse ante sus correligionarios; no obstante, la estrategia
le funcionó a medias. Aprovechó que se debatía en el pleno un dictamen de
reforma a la Ley de Desarrollo Rural Sustentable para sostener que tiene
la conciencia tranquila.
Demandó al encargado de la mesa
directiva, Javier Ramírez, a que se leyera el texto íntegro del acuerdo
con Nava y se justificó: Porque hago política con altura de miras. No
hubo ninguna negociación que vinculara el tema presupuestal y de ingresos
con la decisión de suscribir este acuerdo. Aunque se pretenda dinamitar
esa capacidad de diálogo, aunque se ofenda y se presuman actos
prevaricadores, los rechazo categóricamente. Sepamos coincidir y diferir.
Pero hagámoslo tratando de prestigiar a la política. No se presten a
ejercicios que pueden favorecer al autoritarismo. Su participación le
ganó un largo aplauso de los priístas y gritos de ¡No más mentiras! de
los panistas.
Entonces la sesión devino crítica mordaz contra ella, si bien sus
detractores la trataron con tiento y respeto. Guadalupe Acosta Naranjo (PRD)
le reclamó: Es una actitud inaceptable, desde cualquier posición
democrática, que desde el Poder Ejecutivo se tome partido para resolver
quién se alía y quién no se alía en una elección.
A la bancada del PAN, el lance de Paredes la tomó por sorpresa. Y ante la
ausencia de Josefina Vázquez Mota y el propio Nava, el vicecoordinador
Roberto Gil Zuarth inició la respuesta. Pero sus argumentos se limitaron
a calificar la disputa de “bullicios que están tras nuestros muros o en
las anécdotas que hay detrás de estas paredes… se requiere más
participación de los ciudadanos precisamente para que los políticos no
tengamos motivo u ocasión de entrar en chantajes”.
Beatriz
Paredes, ayer en la Cámara de Diputados
La participación de Acosta Naranjo llevó
a que Sebastián Lerdo de Tejada (PRI) acusara directamente a la izquierda
orgánica representada en San Lázaro por su participación dispersa en la
negociación del paquete económico a fines del año pasado, y de su
colaboracionismo: A ver, a nuestros camaradas de la izquierda que suelen
cobrar con la derecha... no cabe la menor duda que los extremos se tocan.
Y no cabe duda que cuando la alianza es brava hasta al de casa muerde.
Enseguida, el panista Javier Corral subió a tribuna para defender a su
partido, y mientras mencionaba el nombre de Nava, desde su curul el
priísta por Nuevo León Rogelio Cerda soltó un agudo grito: ¡puto! Y
minutos más tarde, Sofía Castro, sentada a su lado, le repitió la misma
dosis.
Corral no se inmutó y la emprendió contra Paredes: “Yo creo que a la
política no la prestigian pactos secretos. Ni su bancada ni la bancada
del PAN conocíamos de la celebración de ese convenito. No podemos
continuar suscribiendo pactos que comprometen las decisiones
fundamentales de la vida política del país, sean fiscales o electorales.
Perdóneme y discúlpeme, Beatriz. La construcción de la democracia no
puede tener primero a los presidentes de los partidos firmando convenios
secretos y luego convocando a los órganos directivos a la construcción de
las tareas de la democracia”.
El diputado panista Alberto Pérez Cuevas introdujo la arista del
escándalo al debate, al meterse en la vida privada de Enrique Peña Nieto:
Vengo a hablar aquí de millones de mexiquenses que merecen que sus
gobernantes no estén pensando en vidas color de rosa, telenoveleras; en
vuelos de gaviotas o proyectos lejanos como luceros. Falta un personaje
aquí, y tendría que venir a dar la cara.
Quien emitió mayor dosis de dureza en sus señalamientos fue el perredista
Adán Augusto López Hernández: Lo que hoy se ha estado debatiendo es un
contrato mafioso, un contrato entre la mafia de Calderón y la mafia de
Peña Nieto; un contrato que, como todos los asuntos de la mafia, se trata
a oscuritas y en el límite de tiempo. Son unos cínicos, unos
desvergonzados, por llamarlos educadamente.
En esas estaban cuando la priísta María Estela Fuentes introdujo una
piñata de Pinocho al salón de plenos, que pretendió sentar en la curul de
Nava para resaltar sus mentiras, y en su intento se topó con el panista
Camilo Ramírez, quien tomó la figura de papel y la arrojó al pasillo.
Pero la misma Fuentes colocó el Pinocho detrás de las curules de Paredes
y Francisco Rojas. Ambos, al percatarse, ordenaron el retiro del
monigote.
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